domingo, 23 de octubre de 2011

De la inexistencia de España y contra los "hispanismos" de izquierdas




Terminamos el mes de octubre con un texto inédito que nos envía a este blog del Pueblo Trabajador Andaluz el camarada Francisco Campos López, titulado "De la inexistencia de España y contra los hispanismos de izquierdas". El trabajo es una interesante disección de las imposturas de los nacionalismos españoles y una apuesta por un marxismo-leninismo andaluz antiimperialista. Apuesta que muchos y muchas militantes marxistas-leninistas andaluces/zas estamos sosteniendo desde hace décadas y de la que este blog forma parte.

La oportunidad del trabajo de Francisco Campos López  es indiscutible. Un documento propicio en unos momentos en los que el grado de deformación chovinista en la izquierda estatal llega a los delirios de G. Bueno y su izquierda hispánica, como correlato lógico de la cobardía de la izquierda española que agota sus análisis con sentencias como: "lo social es la contradicción principal".

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DE LA INEXISTENCIA DE ESPAÑA Y CONTRA LOS “HISPANISMOS” DE IZQUIERDAS


Uno de los errores analíticos fundamentales en que caen las izquierdas estatalistas es el considerar al Estado Español como Estado-nación al uso. De ahí que se planteen la repetición mimética de recetas aplicadas en supuestas circunstancias similares. Pero en el caso español nos encontramos ante una tipología de Estado suigéneris, que no parte de una realidad nacional o se fundamenta en ella, ni en su origen histórico ni en su desarrollo posterior. Resulta imprescindible clarificar lo que es España y analizar el sinsentido de ese nuevo “hispanismo” de las izquierdas estatalistas. Esa defensa a ultranza de unidades hispánicas peninsulares “internacionalistas”, a partir de futuras repúblicas, españolas por supuesto, eso sí, federales o confederales y socialistas.

De la inexistencia de España y del pueblo español

España fue en primer lugar una mera denominación geográfica, el nombre dado por los romanos a la Península. Cuando en el Medievo la nobleza castellano-aragonesa comienza la forja de un Imperio, a partir de la anexión forzada de otros países como Andalucía, y culminado posteriormente por los Austria, ésta nomenclatura será usada para designar y delimitar las fronteras de ese Imperio. A partir de entonces, el término paso a poseer dos significados, uno como adjetivación geográfica peninsular, en cuyo caso permanecerá siendo utilizado el singular, “España”, pero también pasará a ser la resultante político-administrativa de la suma de los pueblos bajo el dominio imperial, siendo entonces utilizado el plural, “las Españas”. Ésta simultaneidad y diferenciación semántica comenzará a ser modificada por los Borbones en el XVIII, siendo éste uno de los antecedentes del españolismo que se desarrollará a partir del XIX, pero, no obstante, esta duplicidad de significados de lo español permanecerá hasta entonces. Prueba de ello es que todavía en 1812, para la Constitución de Cádiz tan “España” era considerada Andalucía o Castilla como Colombia o Filipinas, y el adjetivo “españoles” no sólo señalaba a los habitantes de la Península, Baleares y Canarias, sino a todos los súbditos del Imperio. Tan españoles eran aragoneses como cubanos o argentinos. Políticamente hablando, España seguía siendo el nombre de un Imperio colonial. Esa suma de naciones y pueblos englobable dentro de ese genérico: “las Españas”.

Pero unos años después de aprobada “la Pepa” ese Imperio se desmorona, quedando reducido sus límites fronterizos a sus territorios peninsulares, más “islas adyacentes” y unas pocas “posesiones ultramarinas”. Además, tras el fallecimiento de Frenando VII, los Borbones se verán inmersos en una disputa sucesoria, y una de las facciones, los partidarios de la futura Isabel II, establecerán una alianza con la gran burguesía mercantil e industrial para asegurar su victoria. Fruto tanto de aquel pacto como del triunfo isabelino sobrevendrá el consiguiente predominio burgués sobre los restos del Imperio y la reconversión de éste y los territorios aún retenidos, según sus criterios y necesidades de control económico y social, unificación de mercados, centralización de la administración, etc. Nace así, durante la segunda mitad del XIX, ese nuevo neo-imperialismo españolista embozado en Estado-nación y con las características propias de un imperialismo capitalista. Por eso no hubo “revolución burguesa”. Además de por otras circunstancias, porque no les fue necesaria. El acuerdo de compartición del poder con la aristocracia les dio no sólo el acceso al mismo, sino que conllevó su preeminencia socio-económica estatal. Fue por tanto con la reconversión de los restos de un imperio del antiguo régimen en imperialismo capitalista y su pervivencia bajo las formas de un fabulado Estado-nación, con lo que nace la actual conceptuación de España y sobre las que se asientan las bases del nacionalismo español, tanto político como socio-cultural. Las peculiaridades de los estados españoles y del propio españolismo se originan en este hecho esencial. La idea de España y de lo español son creaciones recientes del siglo XIX, frutos del proceso de adecuación de los restos del Imperio a esas necesidades expansionistas y hegemónicas socio-económicas del Capital. El reciclado de un imperialismo aristocrático como imperialismo burgués.

De España y sus estados como imperialismo capitalista

España, tanto su concepción teórica como su concretización en entidad política única estatal, surge, por tanto, de esa utilización y adaptación de los restos de los dominios imperiales del antiguo régimen, por parte de la burguesía, apropiados y adaptados por el capitalismo como base de una estructura estatal zonal, afín a sus intereses. La “nación española” es la elaboración artificial y forzada de una nacionalidad única que amparase y justificase la existencia del esa entidad estatal. De aquí se deduce que no sólo el concepto mismo de España sino de la necesidad de la unidad estatal es una creación del Capital. No es que ésta España y éste Estado Español sean capitalistas, es que España y los estados españoles son, en sí, creaciones capitalistas. Además, y dado que proceden de la continuidad de los restos del imperio colonial, toda España o Estado Español no es más una mera pervivencia de éste, reconvertido en imperialismo capitalista. Consecuentemente, la idea de España como nación o estructura estatal, es una creación burguesa cuya razón de ser es defender y legitimar un imperialismo capitalista. Toda España y todo Estado Español son imperialistas y capitalistas como consecuencia de su propia naturaleza, no por causa de un régimen específico. España y los estados españoles oprimen y explotan porque con ese fin se idean y mantienen.

Todo ello conlleva, además de que España y Estado Español sean dos sinónimos de imperialismo y capitalismo, también el que España no sea una realidad preexistente que en manos de la burguesía es convertida en típico Estado-nación, sino que España sea una realidad inventada a posteriori por un Estado. La fábula elaborada por una superestructura burguesa para justificarla y legitimar el mantener bajo el control del imperialismo capitalista a los pueblos y naciones, anteriormente sometidas a un típico Imperio del antiguo régimen, atendiendo a sus necesidades de amplitud de mercados, monopolios sobre materias primas, acceso a cantidades suficientes éstas, así como de mano de obra para transformarlas en mercancía y plusvalía. España y Estado Español son dos denominaciones de una misma concretización geográfica del imperialismo capitalista. Consecuentemente, toda idea de España; ya sea política, histórica, cultural o idiomática, cualquier defensa de una unidad y “destino común”, sólo son distintos artificios creados y potenciados por el Capital, a través de sus estados españoles, como mitología amparadora de la negación y opresión de los pueblos, la ocupación de sus naciones, el expolio de sus riquezas y la explotación de sus clases trabajadoras. 

Igualmente habrá que tener en cuenta que, dado que toda estructura estatal española no se asienta sobre la base de una nacionalidad preexistente, sino que la “nación” es una envoltura de la misma, creada con posterioridad y a su  servicio, esa realidad conlleva el que la “nación” sea el propio Estado. Esta es la razón de que la unidad administrativa y de fronteras sea lo que realmente define y distingue todo españolismo.  Todo nacionalismo español es, ante todo y sobre todo, mero estatalismo. La existencia del Estado, la preservación de una estructura administrativa única y de sus límites  fronterizos es lo realmente importante e indiscutible. Por eso a los sectores más inteligentes del nacionalismo español les es indiferente reconocer nacionalidades, descentralizaciones autonómicas o apostar por “estados federales”. Incluso explica el que no les resulte tampoco trascendente la forma de Estado que se adopte, sea ésta monárquica o republicana. Lo que es primordial, incuestionable e innegociable para ellos es el mantenimiento de la estructura única y la salvaguarda de sus fronteras. 

En el caso español, por tanto, no nos encontramos ante un caso asimilable al de otros pueblos y territorios que han evolucionado hacia la constitución de estados nacionales tras el acceso al poder y la hegemonía de sus respectivas burguesías, sino ante la transformación de los restos pervivientes de un Imperio colonial del antiguo régimen  en imperialismo regional capitalista. Sus estados españoles, se han conformado sobre la base del continuismo de la opresión de naciones y pueblos conquistados por aquel Imperio anterior, y obligados a permanecer ocupados, subordinados y dependientes, con unas identidades negadas y perseguidas, como medio de asegurar una “unidad” favorecedora de los intereses del Capital. Esa es su “patria” y la razón de su “unidad”.

En este sentido, el Estado Español se asemeja a otros como el británico, otro antiguo imperio colonial que abarcaba grandes extensiones, a lo largo de varios continentes, y que ha quedado reducido a una estructura estatal imperialista zonal, el “Reino Unido”. Al igual que las élites dominantes inglesas crearon un Imperio Británico, cuyos restos perviven hoy como la “Gran Bretaña”, las castellano-aragonesas crearon el español, cuyos restos perviven hoy como Estado Español. Lo británico, como lo español, sólo son el fruto de entramados socio-culturales, económicos y administrativos, herederos y continuadores de sus respectivos imperios, siempre al exclusivo servicio y beneficio de capitalismos regionales. Lo británico y lo español son intrínsecamente capitalistas.

De los pueblos y las naciones bajo yugo español

Dada la inexistencia de España y de que en la actualidad con tal denominación sólo cabe designar al resultado de una adaptación de un antiguo imperio colonialista del antiguo régimen como superestructura imperialista burguesa al servicio del Capital, y siendo los estados españoles no el resultado de la constitución de un Estado-nación sino del camuflaje administrativo de dicho imperialismo capitalista mediante apariencia y formalismos de estado-nación, no sólo cabe deducir el carácter exclusivamente reaccionario y opresor de cualquier idea de España y de Estado Español, sino, por contraposición, la catalogación como progresistas y transformadoras de la defensa de la existencia de los pueblos y las naciones bajo su yugo, de sus derechos y libertades.

No hay la más mínima posibilidad de compatibilidad ni coexistencia entre por un lado la idea de cualquier tipología de España o la de pueblo español, y la defensa de estos pueblos y sus respectivas naciones. Afirmar o aceptar la realidad de España y/o la de un pueblo español, supone negar la de los diversos pueblos y la de sus respectivas naciones. Y viceversa. Por ejemplo, si hay pueblo español no puede haber pueblo andaluz. Si hay nación española no puede haber nación andaluza. No existen pueblos de pueblos ni naciones de naciones, por la misma razón que no hay individuos formados, a su vez, por otros individuos. Las personalidades múltiples no son hechos naturales a defender sino artificialidades a combatir. En el caso de un individuo con diversas personalidades estaríamos ante una enfermedad, una esquizofrenia o un síndrome de bipolaridad, si es un pueblo ante la negación de sus derechos y el ataque a su identidad. En ambos casos frente a negatividades a erradicar, no a mantener.
El reconocimiento de los pueblos no sólo lleva implícito, por tanto, la negación de un pueblo español, y con ello de España como realidad nacional, sino la caracterización de toda España y cualquier estructura estatal española como realidades imperialistas impuestas y opresivas. Como consecuencia, y continuando con el ejemplo británico, tan irracional será defender una nación británica como otra española, tan imperialista propugnar un Estado único británico como uno español. Todo lo español, de igual manera que todo lo británico, es mera apoyatura ideológica, política y administrativa de un imperialismo regional. Postulados, por tanto, pro-imperialistas y pro-capitalistas. Por contraposición, todo reconocimiento de los pueblos bajo yugo británico o español, así como la defensa de sus respectivos derechos nacionales y libertades colectivas, soberanías, serán actitudes anti-imperialistas y anti-capitalistas. Y por esas mismas razones, mientras que cualquier propuesta de meta estatalista británica o española es en sí contrarrevolucionaria, toda oposición contra dichos estatlismos y en pro de la liberación de los pueblos trabajadores bajo yugo estatal británico o español, toda lucha soberanista, es en sí revolucionaria, porque mientras que unas conllevan perpetuación del instrumento administrativo en que se apoya la explotación, las otras suponen su destrucción. Las luchas de liberación nacional han sido siempre la lógica respuesta de los pueblos a la invasión, ocupación y colonización de su nación, y han constituido una herramienta esencial en el combate antiimperialista y anticapitalista para todas las fuerzas revolucionarias de los pueblos inmersos en dichas circunstancias.

De los derechos de los pueblos y el carácter de sus naciones

Al igual que al hombre le pertenece el derecho inalienable a la posesión y ejercicio de su libertad, los pueblos, como conjuntos humanos, los poseen igualmente. Existe, por tanto, un equivalente colectivo a las libertades individuales. Esas libertades colectivas, esos derechos de los pueblos, se denominan soberanía. La soberanía popular. Por su parte, los derechos nacionales no son más que una consecuencia, prolongación y derivación de esas libertades colectivas de los pueblos, ya que las naciones sólo son la suma de esos pueblos, más sus territorios, particularidades y circunstancias.

El reconocimiento de la existencia de un pueblo conlleva por tanto implícito el del territorio que ocupa ancestralmente como su nación. Porque una nación no es más que eso: un pueblo, sus singularidades históricas, étnico-culturales, sociológicas, etc., más el territorio que habita y sus peculiaridades geográficas, ecológicas, etc., además de las consecuentes circunstancias socio-económicas que de ese conjunto, suma de población, territorialidad y particularidades, se derivan. La nación, por tanto, no es el Estado ni su origen se encuentra en los estados-nación decimonónicos, no habiendo tampoco una relación causa efecto entre éstas y las revoluciones burguesas. Las naciones no constituyen un invento burgués para alcanzar y asegurar el logro de sus intereses de clase.  La herramienta ideada por el capitalismo para defender y asentar socialmente la primacía de sus intereses políticos, sociales y económicos es el Estado. La nación es un hecho natural y preexistente, instrumentalizándolo por la burguesía, mediante su tergiversación y manipulación, para justificar y posibilitar la creación de los estados, bajo la forma de los Estado-nación. Es el Estado, y su derivación como estados-nación, no las naciones en sí, el instrumento que instituye el Capital y del que se sirve para obtener y asegurar su poder mediante el imprescindible control social. 

Esa correcta diferenciación entre por un lado los pueblos y las naciones, y por otro los estados y estados-nación, es la razón de que, a lo largo de la historia contemporánea, los pensadores revolucionarios hayan llamado a defender los unos y destruir  los otros. Si analizamos sus escritos en su integralidad, sin descontextualizar, comprobaremos que siempre han negado y atacado a las naciones en tanto que estados y estados-nación. Más aún, allí donde ha habido un pueblo oprimido o una nación ocupada, los revolucionarios de esas tierras siempre han constituido y encabezado movimientos de liberación nacional y popular de las mismas. En éstas circunstancias, la lucha por los derechos nacionales han formado parte del proceso trasformador social global.

La visión diferenciadora entre estados y naciones, así como la  actitud favorable hacia los pueblos oprimidos y las naciones  ocupadas, quedó magníficamente sintetizada en aquel conocido texto de M. Bakunin, donde declaraba: “El Estado no es la patria, es la abstracción, la ficción metafísica, mística, política, jurídica de la patria. Las masas populares de todos los países aman profundamente a su patria, pero es éste un amar real, natural. No se trata de una idea, se trata de un hecho. Por eso me siento franca y constantemente el patriota de todas la patrias oprimidas”. También V.I. Lenin fue explicito señalando la inexistencia de contradicción entre lucha de liberación nacional y lucha de clases para los trabajadores de esas “patrias oprimidas”, así como entre la independencia nacional y el internacionalismo proletario.  En su enfrentamiento con Rosa Luxemburgo, por la oposición de ésta al hecho nacional, afirmó: “En su afán de practicismo, Rosa Luxemburgo ha perdido de vista la tarea práctica principal, tanto del proletariado ruso como del proletariado de toda otra nacionalidad: la tarea de la agitación y propaganda cotidianas contra toda clase de privilegios nacional-estatales, por el derecho, derecho igual de todas las naciones, a su estado nacional, porque solo así defendemos los intereses de la democracia y la unión basada en la igualdad de derechos de todos los proletarios y de todas las naciones”.

Del estatalismo español como nacionalismo burgués

Hemos analizado como tanto la idea de España como la de pueblo español no son más que artificios creados y potenciados por los estados españoles para amparar y justificar su propia existencia. Así mismo como dichos estados no son más que la adaptación de las estructuras de los restos del antiguo imperio colonial español a las necesidades de la burguesía, a una nueva tipología de dominio y esquilmación imperialista de los pueblos, la del capitalismo. Consecuentemente, concluíamos que el nacionalismo español era ante todo estatalismo español, ya que cualquier idea de España o de lo español, no son más que otras tantas envolturas justificativas de la defensa de los límites fronterizos de un latifundio peninsular. Por tanto, cualquier estatalismo español, fuera aparte sus intenciones, sólo es españolismo, ya que todo nacionalismo español es defensa de una estatalidad, y apoyatura de un imperialismo regional capitalista. En definitiva un típico caso de nacionalismo estatal burgués.
Lógicamente y por contraposición, todo aquellos proyectos que  pretendan acabar con dicha superestructura, que partiendo de un correcto análisis de la realidad, rechacen cualquier fórmula estatalista española, que partan del reconocimiento de las distintas naciones subyugadas y tengan como meta la liberación global de los diversos pueblos trabajadores oprimidos, son intrínsecamente revolucionarias, ya que atentan contra la raíz misma de la fórmula política que encubre la explotación de la clase trabajadora en dichos territorios y destruye las bases administrativas de sustentación de la misma.

No obstante, hay múltiples colectivos teóricamente englobables dentro de la izquierda transformadora y anticapitalista que, desde la asunción como real o “útil” del concepto de España o de Estado Español, se constituyen, de facto  y de forma  inconsciente, en  instrumentos ciegos del Sistema. En elementos contrarrevolucionarios que contribuyen a propagar el confusionismo en los pueblos y la alienación entre la clases populares. Aunque adquieran diversidad de aspectos, los estatalismos españolistas “de izquierda” se semejan en defensores de una versión actualizada de esa “unidad de destino en lo universal” propugnada por el fascismo. En difusores de un “hispanismo” progre, de un españolismo tan reaccionario como el franquista. No es casual, ya que permanecen condicionados por el trabajo de aculturización y desarraigo de la Dictadura. 

Si analizamos la situación en los años treinta, comprenderemos que el 18 de Julio no fue un simple Golpe de Estado al uso, incluible en la tradición de los pronunciamientos militares decimonónicos peninsulares, sino la respuesta a una situación límite para el Sistema. Así mismo, que la Dictadura fue un tratamiento de choque, un premeditado proyecto de “solución final” ideado para “normalizar” la situación. Las circunstancias sociales de aquella época eran excepcionales e incomparables a la de su entorno. El amplio y generalizado grado de concienciación de la clase obrera, la existencia de un sindicalismo mayoritariamente revolucionario, el imparable despertar de sentimientos identitarios en los pueblos y, además, el nacimiento de teorizaciones y movimientos revolucionarios que aunaban aspiraciones nacionales y sociales en un mismo conjunto nítidamente transformador, libertador y anticapitalista, conllevaba para el Sistema un serio peligro contra sus intereses peninsulares. Se requería una solución extrema: exterminar a toda aquella generación, a la que consideraba irrecuperable, y educar otra moldeada según sus necesidades. Esa fue la verdadera razón de la prolongación del conflicto, de que a éste le siguiese una primera etapa dictatorial de extrema represión y después otra “desarrollista”. La una logró acabar física o psicológicamente con los padres y la otra amamantó ideológicamente a sus hijos. Fue un gran éxito, y el resultado ha sido este “maduro pueblo español” cuya domesticación hizo posible la “transición”, y su actual adormecimiento y desmovilización, así como una izquierda político-social, mayoritariamente estatalista y reformista, mera apoyatura del Sistema. 

Pero, como decíamos, el condicionamiento franquista también ha afectado a aquellos que, teóricamente, son enemigos del capitalismo, convirtiéndolos en apuntaladores de un Sistema al que supuestamente se enfrentan, dado que la defensa del estatalismo español mantiene el status quo territorial y administrativo sobre el que se sustenta. Con independencia de que dicho estatalismo se adjetive de “republicano”, “federal”, “confederal” o “socialista”, lo cierto es que mantiene incólume el Imperio español.

De un futuro que no será de la República, sino de las repúblicas
A comienzos del pasado siglo, hubo otros imperios que, como el español, también se asentaban sobre un artificial nacional-estatalismo, político y cultural, ideado por las élites dominantes para justificar la conquista y negación de las naciones ocupadas, así como la esquilmación y explotación de los pueblos trabajadores. Uno de ellos era el Imperio Ruso. Aquel otro tan siquiera se camuflaba mediante la creación de una nomenclatura nueva, adjetivándose al Imperio con el nombre de la nación de donde había partido el expansionismo aristocrático que lo había fundado. Algo así como si aquí, en lugar de hablar de un Imperio Español o de un Estado Español, se hiciese de un Imperio Castellano o de un Estado Castellano. En aquel otro imperio, como en éste, se simultaneaban e interrelacionaban luchas de clase y de liberación nacional. 

La revolución soviética fue la consecuencia y la respuesta dada, tanto a la lucha de los pueblos por su soberanía como a la de los trabajadores por su emancipación.  Si aquellos revolucionarios hubiesen poseído unas estrategias semejantes a las de las izquierdas estatalistas españolistas, los bolcheviques tendrían que haber propugnado, como alternativa, la constitución de una República Rusa, federal o confederal, y por supuesto socialista, que admitiese el derecho de autodeterminación de los pueblos. Pero, en cambio, lo que Lenin y sus correligionarios idearon y levantaron fue otra cosa. En lógica coherencia con aquella proclamación que hizo del “derecho igual de todas las naciones, a su estado nacional, porque solo así defendemos los intereses de la democracia y la unión basada en la igualdad de derechos de todos los proletarios y de todas las naciones”, lo que fundaron no fue una república sino múltiples repúblicas. Unas repúblicas soberanas que, posteriormente, se unieron libremente conformado la URSS, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Una unión cuyos límites no eran geográficos, y mucho menos miméticos con respecto al antiguo Imperio y su Estado, sino ideológicos, sin correspondía con fronteras rusas ni aspiración a su conservación. Sus lindes eran internacionalistas. Abarcaban a todas aquellas naciones y pueblos que lo quisiesen y estuviesen regidos sobre bases políticas anticapitalistas (socialista) y conforme a una gestión horizontal consejista (soviética). Esas eran las “fronteras”. Una unidad que, además, no conllevaba “superación” o anulación de las soberanías de los pueblos, sino su mantenimiento. La prueba es que la constitución soviética recogía el derecho a la secesión, derecho impracticable sin la pervivencia de la plena soberanía nacional de cada una de las repúblicas soviéticas y de sus pueblos trabajadores. 

Como ocurre con otras muchas aportaciones realizadas al marxismo, las alternativas leninistas de defensa del “derecho igual de todas las naciones a su estado nacional” y de “la unión basada en la igualdad de derechos de todos los proletarios y de todas las naciones”, siguen siendo universal y atemporalmente válidas. Ser marxista-leninista, aquí y ahora, en esta Andalucía, es abanderar la lucha por la descolonización e independencia de esta tierra. Por romper las cadenas del Pueblo Trabajador Andaluz siendo vanguardia en el combate por la recuperación de su libertad colectiva, de su soberanía. Y dentro del ámbito de este estado impuesto, supone apoyar  al resto de las luchas de liberación nacional de los pueblos oprimidos por el yugo imperialista español. Hacerle frente u oponerse a cualquier España y batallar por la constitución de las repúblicas de trabajadores de cada uno de ellos, apostando, con posterioridad, por una unión libre entre las repúblicas constituidas, según sus características, afinidades y circunstancias. Ese es el proyecto revolucionario, transformador y de clase acertado, tanto a nivel andaluz como dentro del marco peninsular o el internacional. Esa es la praxis revolucionaria que exige la realidad político-social, y ese es el significado de la aplicación del internacionalismo proletario a la misma. Además, ese es también el posible lugar de encuentro entre las izquierdas nacionales y las supranacionales, así como el nexo de confluencia factible entre los intereses de cada uno de los pueblos. 

El futuro deseable y previsible, no debería ser, ni con toda seguridad será, el de una III República Española, sea cuales fuesen sus características, por ser una propuesta continuista que ya nace muerta, presa de sus propias e irresolubles contradicciones, sino el de las respectivas primeras repúblicas nacionales de cada uno de los pueblos hoy negados y oprimidos por el españolismo. Las unidades entre los pueblos no puede ser la forzada consecuencia de un matrimonio concertado y de por vida, sino el resultado de un libre pacto aceptado entre iguales y asentado sobre la posibilidad real y la plena capacidad de elección. Una posibilidad y una capacidad que, para serlo, deben preexistir a la oportunidad de su utilización. Consecuentemente, estas uniones no pueden preceder temporalmente a la propia existencia independiente de los elementos llamados a unirse. No puede haber unidad de repúblicas sin la previa y soberana existencia de estas. No se puede partir de la unidad obligada y después la posible concesión de la posibilidad de la separación, del reconocimiento del derecho a la autodeterminación, sino de una previa posesión de la soberanía y la consiguiente constitución de las repúblicas de cada pueblo, que hagan factible el que cada uno, en el ejercicio de su libertad, pueda tomar la decisión con respecto a libres uniones entre ellas, como fórmula internacionalista de apoyo mutuo e interrelación socialista.

Una “unidad” de pueblos que no es escogida, sino impuesta, y que se construye sobre la negación o la eliminación de sus libertades, de sus respectivas soberanías, no es ni democrática ni progresista, sino dictatorial y reaccionaria. Los estados fundados sobre estos principios son estructuras exclusivamente imperialistas y totalitarias. Y allí donde hay imperialismo y totalitarismo no hay ni podrá haber nunca socialismo, solo hay y solo puede haber fascismo, sea cual sea su auto-calificación, su auto-justificación o las banderas en las que se envuelvan o tras las que se amparen para esclavizar y oprimir. Los revolucionarios lo son, no por que apoyen o contribuyan al establecimiento y/o mantenimiento de estos tipos de estructuras, sino por combatirlas. Ser revolucionario en Andalucía es levantarse por su libertad y contra lo que se la ha arrebatado: España.


Francisco Campos López

domingo, 16 de octubre de 2011

León Trotsky, el primer stalinista



Decíamos en la presentación de este blog: "Éste no será un blog de actualización diaria. Nuestra prioridad está en la organización y la lucha cotidiana junto con los sectores más conscientes y combativos de la clase obrera andaluza". Prioridades militantes nos han impedido continuar en la construcción de esta herramienta marxista-leninista con la frecuencia deseada. Una vez hemos atendido lo prioritario continuamos con esta tarea no menos importante.

En los primeros meses del pasado 2010 se produjo un debate en el medio de contrainformación Kaos en la Red ( www.kaosenlared.net ) abierto por el militante de la izquierda estatalista Manuel M. Navarrete acerca de la esencia y coherencia del trostkysmo con la vida y obra del propio Trotsky. En dicha discusión Navarrete esgrimía, basándose en la conocida obra de Edward H. Carr, algunas líneas de estudio en torno a la figura de León Trotsky que lo dejaban, en cierta manera, fuera del propio trotskysmo como corpus marxista conformado en buena parte con posterioridad al propio Trotsky.

Rescatamos para nuestros lectores el texto más interesante de la disputa dialéctica sostenida entonces, titulado "León Trotsky, el primer estalinista". Una discusión que no sólo afecta al trotskysmo, sino por ende a aquellas corrientes de la izquierda estatalista que se alimentan de un antitrotskysmo pretendidamente militante como forma de ocultar sus carencias, eclecticismos y contradicciones propias.

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 León Trotsky, el primer estalinista

domingo, 28 de agosto de 2011

"Colonialismo interno [una redifinición]"



A pesar de la canícula estival, seguimos trabajando políticamente como militantes que somos los miembros de este blog desde el Pueblo Trabajador Andaluz. La lucha continúa y también la discusión y el análisis. Para este mes de agosto ofrecemos un nuevo texto del sociólogo mexicano Pablo Gonzalez Casanova titulado "Colonialismo interno (una redefinición)". Una aplicación del pensamiento dialéctico en el proceso del desarrollo desigual y combinado no sólo a escala internacional, sino en el marco estatal de estados con cierta antigüedad o creados tras el proceso de descolonización. Y una perspectiva imprescindible para construir la nueva sociedad.

Ampliamos también nuestra videoteca. Esta vez con dos vídeos dedicados a las "grandezas imperiales" del nacionalismo español. Por una parte el vídeo "Guinea, el sueño colonial", una producción de RTVE que a pesar de su tono amable y distendido deja entrever la rapacidad de España con sus sometidos. Por otro lado el documental "Arrash (Veneno)" de Javier Rada y Tarik El Idrissi, dedicado a los efectos que sobre la población rifeña tuvieron los bombardeos con gas mostaza entre 1923 y 1927. Otra gesta más del imperio "donde nunca se ponía el sol".


Además inauguramos la sección de Hemeroteca con unos curiosos artículos de ABC de 1987 (extraídos del blog Universo Andalucista) sobre Juan Antonio Romero, alcalde de Badolatosa, fundador del desaparecido Frente Leninista Andaluz y que puso a un barrio de su pueblo el nombre de Santiago Brouard, pediatra vasco y dirigente de H.A.S.I.


Por último no queremos cerrar esta entrada sin hacernos eco de la reciente salida del libro "De un país en lucha" de Antonio J. Torres, militante de Andalucía Comunista, que ha sido editado por producciones El Bandolero. 
Os deseamos a todas y todos una buena lectura y un buen comienzo de curso político que plantea difíciles desafíos para el marxismo-leninismo andaluz antiimperialista.


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lunes, 18 de julio de 2011

Ideología de la Revolución Cubana



"Ideología de la revolución cubana" es, al entender del colectivo editorial de este blog, uno de esos documentos de Ernesto Guevara insuficientemente valorados. El interés del "Mensaje a la Tricontinental", "El socialismo y el hombre en Cuba" o sus documentos sobre la actividad militar de la guerrilla han eclipsado el interés de este documento de 1960. Tan solo un año despues de la entrada de los rebeldes en La Habana, Ernesto Guevara de la Serna da una explicación de las inspiraciones de la Revolución Cubana, que genera dudas entre la izquierda más amante de los clichés que de las revoluciones de carne, sangre y huesos.

Estas razones no pueden entenderse sin contemplar el proceso que se inició con la lucha contra España, culminada con la independencia y la fundación de la República de Cuba en 1902. Otro cliché que quebró la Cuba revolucionaria y del que la izquierda nacionalista española, tan amante de Cuba, "no quiere acordarse" como decía el Quijote. 

 
Pero no queremos desviarnos del tema de hoy. A fin de cuentas el "Che" nos narra el por qué y el cómo de aquellos que hacen la Revolución. Como él señala "la revolución puede hacerse, aun sin conocer la teoría". Estudiemos la teoría. Hagamos la revolución.


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viernes, 1 de julio de 2011

"Capitalismo y lucha de clases" y el "Informe Petras"




Terminamos el mes con la publicación de dos textos del sociólogo revolucionario norteamericano James Petras, el primero con el título "Capitalismo y lucha de clases" y el segundo es el llamado "Informe Petras". En el primero, de reciente publicación, analiza desde una óptica marxista y antiimperialista la situación actual de estados como el español, el griego o los Estados Unidos, haciendo énfasis sobre el papel que juegan los mercados, las clases dominantes y la banca en las actuales crisis que azotan a los pueblos trabajadores. La importancia de la lucha de clases y el desencadenamiento de luchas rupturistas que pongan contra las cuerdas a las clases explotadoras. La actitud ofensiva del Capital y la escasa respuesta social, así como la debilidad estratégica y analítica de una izquierda internacional a la defensiva ante los retrocesos socio-laborales y la radicalización política.

El "Informe Petras" fue encargado al profesor norteamericano a mediados de los 90 del pasado siglo por el CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) en momentos del gobierno de Felipe González. Tras la entrega del informe al CSIC, éste no fue publicado, ya que la realidad que ofrecía no era nada positiva para el gobierno neo-liberal que se encontraba en la gobernanza del Estado Español. El documento, pese a situarse en el conjunto estatal y escorado especialmente hacia el núcleo industrial catalán, ofrece una visión esclarecedora sobre los procesos de liberalización de la economía estatal y de inserción en la entonces Comunidad Europea, dando lugar a profundos retrocesos en los derechos y circunstancias laborales; así como agudizando las desigualdades sociales y la supremacía y poder total de los mercados y el Capital sobre la clase obrera. En definitiva, este proceso supuso el progresivo desmantelamiento de la industria, agricultura y minería local, y la "apertura" a los mercados extranjeros que se veían beneficiados por las políticas capitalistas del PSOE.

Recomendamos su lectura y análisis para los/as marxistas-leninistas andaluces/zas, ya que ambos textos refuerzan las tesis marxistas de que no hay revolución ni transformación social sin una previa toma de conciencia, organización y praxis revolucionaria. No valen las fórmulas "postmodernas" ni los movimientos espontaneístas, sólo la lucha de clases puede debilitar al Estado Capitalista y hacer posible la toma del poder por parte del Pueblo Trabajador Andaluz.

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Capitalismo y lucha de clases

Introducción 

La lucha de clases sigue desempeñando un papel central en el proceso de acumulación capitalista, si bien adopta formas diferentes en función del contexto socioeconómico. Para cartografiar el despliegue de la lucha de clases es preciso especificar algunos conceptos fundamentales relacionados con (a) las diversas condiciones y los sectores dominantes del capital en la economía global, (b) la naturaleza de la lucha de clases, (c) los principales protagonistas de las luchas de clases, (d) la naturaleza de las reivindicaciones que hace y (e) las luchas masivas.

La acumulación capitalista se desarrolla siguiendo una pauta muy desigual, lo que tiene consecuencias importantes sobre la naturaleza e intensidad de la lucha de clases. Además, las reacciones concretas de los trabajadores y, sobre todo, del Estado capitalista hacia la situación general de la economía han dado forma al grado de intensificación de la lucha de clases y de la ofensiva de los dos «polos» principales (capital y mano de obra).

Aclaraciones conceptuales

Al analizar el capitalismo contemporáneo, la diferencia más llamativa reside en tres situaciones radicalmente distintas del sistema capitalista, que corresponden a los países que experimentan (a) altas tasas de crecimiento, (b) estancamiento y (c) una crisis profunda.

Los países capitalistas con tasas de crecimiento elevadas se dividen con claridad entre los que (a) viven del auge de las materias primas y son exportadores sobre todo de productos agrarios y recursos energéticos y mineros, situados en su mayoría en África y América Latina o (b) son exportadores de manufacturas, fundamentalmente en Asia (China, India y Corea del Sur).

Las crisis económicas se pueden clasificar, a su vez, en tres grupos. 

(a) Las de las economías de recuperación rápida, entre las que se encuentran las de Alemania y los países nórdicos que, después de caer en picado hasta cifras de crecimiento negativo han aumentado las exportaciones industriales y crecen con rapidez desde 2010.

(b) Las de las economías de recuperación lenta o estancadas, a las que pertenecen las de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia e Italia, que han tocado fondo, han recuperado los beneficios, sobre todo en el sector financiero, pero han hecho pocos o ningún progreso en la reducción del desempleo, el aumento de la producción de manufacturas y el crecimiento general.

(c) Las crisis económicas prolongadas y profundas, como las de Portugal, España, Grecia, los países bálticos y los balcánicos, que están en quiebra, donde el desempleo ha alcanzado cifras de dos dígitos (entre el 15 y el 20 por ciento) y el crecimiento es negativo. Arrastran una carga de deuda muy fuerte y están implantando programas de austeridad estrictos concebidos para prolongar su depresión económica en los próximos años.
Exactamente igual que hay pautas desiguales de desarrollo capitalista, también las hay con relación a la lucha de clases. Hay varios conceptos fundamentales que es preciso tener en cuenta para analizar la lucha de clases.

En primer lugar, hay que apreciar la distinción entre lucha «de clases» y lucha «masiva». En América Latina hay muchos ejemplos de luchas multisectoriales, de trabajadores, campesinos o empleados del sector público encabezadas por organizaciones enraizadas en clases sociales. A veces, esos movimientos de clase se convierten en «luchas masivas» que incorporan a otros grupos heterogéneos (vendedores ambulantes, trabajadores autónomos, etc.). Las revueltas árabes actuales son, en su mayoría, luchas masivas que, en términos generales, carecen de organizaciones o liderazgo de clase o, en algunos casos, están encabezadas por «organizaciones juveniles» o «religiosas».

En segundo lugar, hay una diferencia entre luchas de clases «ofensivas» y «defensivas», en las que las organizaciones luchan por ampliar sus derechos sociales y elevar los salarios o combaten para preservar o limitar las pérdidas salariales o de poder adquisitivo.

La lucha de clases es una actividad que se libra en dos sentidos: mientras que los trabajadores y otras clases explotadas luchan desde abajo, las clases gobernantes y sus Estados entablan la lucha de clases desde arriba para incrementar sus beneficios, la productividad y el poder.

La lucha de clases adopta diversas formas. La mayoría de las luchas de clases de nuestros días son por «cuestiones económicas», incluida la de reclamar una parte cada vez mayor de la renta nacional. Hace media década, por toda América Latina, como sucede hoy en los países árabes, la lucha de clases o de masas era principalmente política, librada para derrocar a los gobiernos neoliberales opresivos y represivos.

Pertrechados con estos conceptos, podemos pasar a analizar la relación entre países y regiones en crisis o en crecimiento de diferente grado y su relación con los diferentes grados y tipos de lucha de clases.

Desarrollo dispar y lucha de clases

Los países que gozan de elevadas tasas de crecimiento, ya sea en Asia apoyándose en las manufacturas o en América Latina gracias al auge de la exportación de recursos agrarios y mineros, viven una lucha de clases económica cada vez más ofensiva por el reparto de un pedazo mayor de la tarta del crecimiento económico. En China, por las presiones emanadas desde abajo, los salarios han experimentado en la última década (1) un incremento superior al 10 por ciento y, en algunas regiones, al 20 por ciento, mientras que en América Latina, los trabajadores de Bolivia y otros lugares exigen más del 10 por ciento. (2) En buena medida, las tasas de crecimiento elevadas van acompañadas de una inflación (3) que deteriora los incrementos nominales concedidos por el Estado y los empleadores. Resultan especialmente provocativos los aumentos acusados del precio de los alimentos básicos, la energía y el transporte, que inciden directamente en la vida cotidiana de los trabajadores.

Una de las señales más prometedoras del avance de la lucha de clases son las conquistas socioeconómicas reales y sustanciales obtenidas por los trabajadores en América Latina durante la pasada década . En Argentina, el desempleo ha descendido de más del 20 por ciento a menos del 7 por ciento, los salarios reales han aumentado más de un 15 por ciento, el salario mínimo, las pensiones y las coberturas médicas han aumentado sustancialmente y la afiliación sindical también se ha incrementado. A menor escala se han producido procesos similares en Brasil: el desempleo ha caído desde el 10 por ciento hasta el 6,5 por ciento (marzo de 2011), el salario mínimo ha aumentado más de un 50 por ciento en los últimos 8 años y varios centenares de grandes fincas han sido ocupadas y expropiadas gracias a la acción directa del Movimiento de los Sin Tierra. Mientras que la política revolucionaria social ha decaído en América Latina desde mediados de la década de 2000, la lucha de clases económica ha conseguido arrancar reformas sustanciales que mejoran los medios de vida de la clase trabajadora e imponen algunas restricciones a la explotación rapaz de la mano de obra por parte del liberalismo, en marcado contraste con lo que está sucediendo en la América anglófona y Europa meridional.

En los estancados países imperiales «desarrollados», el Estado se ha dedicado a descargar la totalidad del coste de la «recuperación» sobre las espaldas de los trabajadores y los empleados públicos a base de reducir puestos de trabajo, salarios y prestaciones sociales, mientras los banqueros y las élites empresariales se enriquecen. Estados Unidos, Inglaterra y Francia han sido testigos de una punzante ofensiva de clase desde arriba que, ante la débil oposición de unos aparatos sindicales menguados y burocratizados, ha invertido en buena medida el curso de muchas conquistas sociales anteriores de los trabajadores. (4) En esencia, las luchas de los trabajadores son defensivas y tratan de limitar los retrocesos, pero carecen de la organización política para contraatacar las medidas presupuestarias reaccionarias que recortan los programas sociales y reducen los impuestos a los ricos, con lo que han ensanchado las desigualdades de clase.

Las luchas de clase más intensas han tenido lugar en los países que sufren la crisis económica con mayor profundidad, a saber: Grecia, España, Irlanda y Portugal. Allí, la clase gobernante ha invertido el curso de medio siglo de conquistas sociales y salariales en el lapso de tres años con el fin de cumplir con los criterios de los banqueros occidentales y el FMI. La ofensiva de clase desde arriba encabezada por el Estado ha recibido por respuesta una serie de huelgas generales, manifestaciones muy concurridas y docenas de protestas, sin éxito ninguno. (5) La élite estatal-empresarial, encabezada en la mayoría de los casos por políticos socialdemócratas, ha privatizado empresas públicas, reducido millones de empleos públicos, elevado el desempleo a cotas históricas (20 por ciento en España, 15 por ciento en Grecia y 13 por ciento en Portugal e Irlanda) y canalizado decenas de miles de millones de dólares para pagar la deuda. (6)
La clase dominante ha aprovechado la crisis como arma para reducir costes laborales, lo que ha transferido rentas al 5 por ciento más rico de la pirámide social y aumentado la productividad sin reactivar el conjunto de la economía. El PNB sigue siendo «negativo» para el futuro a corto plazo, mientras que la austeridad debilita la demanda nacional y el pago de la deuda socava las inversiones locales para reactivar la economía.
La crisis política de los regímenes árabes clientes, rentistas, autócratas y corruptos se manifiesta en los movimientos democráticos populares masivos, a la ofensiva, que han derrocado a los gobiernos de Egipto y Túnez, para empezar, y están desafiando al aparato estatal pro imperial. (7) En Egipto y Túnez, las autocracias pro imperiales fueron depuestas, pero los nuevos regímenes democráticos populares que son reflejo de los nuevos protagonistas masivos del cambio político todavía tienen que tomar el poder. En el resto del mundo árabe, las revueltas generalizadas de Yemen, Bahrein, Argelia, Jordania, Siria y otros lugares se han manifestado con dureza contra las autocracias imperiales armadas levantando el fantasma de los cambios democráticos y socioeconómicos.

Las potencias imperiales estadounidense y de la Unión Europea, desprevenidas en un principio, se han lanzado al contraataque interviniendo en Libia, respaldando a la junta militar en Egipto y tratando de imponer «nuevos» regímenes colaboracionistas para impedir una transición democrática. (8) La lucha de masas, influida por fuerzas islámicas y seculares, tienen un programa definido de rechazo del statu quo pero, como carecen de liderazgo de clase, no han sido capaces de plantear una estructura político-económica alternativa más allá de las vagas nociones de «democracia». (9)

En resumen, el crecimiento acompañado de un rápido incremento de la renta nacional y el renacer de la inflación ha propiciado mucho más la lucha de clases ofensiva desde abajo que la «crisis» o el «estancamiento» que, en el mejor de los casos, ha ido acompañado de luchas «defensivas» o de retaguardia. En parte, la teoría de la «privación relativa» parece ajustarse a la idea de la intensificación de la lucha de clases, salvo que el tipo de lucha es principalmente «economicista» y no tanto contra el Estado per se. Además, los métodos de lucha suelen ser huelgas para reclamar aumentos salariales. Este detalle es más evidente en Argentina, Brasil, Chile y Perú, donde se han producido enfrentamientos intensos en torno a exigencias economicistas muy limitadas. La excepción son las luchas indígenas basadas en comunidades de Perú y Ecuador contra el Estado y la explotación y contaminación de tierras, aire y agua por parte de compañías mineras extranjeras.

En todo caso, es preciso hacer varias salvedades. La lucha obrera en Bolivia, que ha experimentado un auge y crecimiento muy dinámicos de las exportaciones de recursos agrarios y mineros, ha convocado una huelga general de diez días por los salarios (del 6 al 16 de abril de 2011). (10) La extensión de la huelga en el tiempo ha convertido en «políticas» algunas cuestiones planteadas en torno a la autoridad del gobierno de Morales en algunos sectores. En parte se debe a que los aumentos salariales los fija el gobierno. Según la principal organización sindical (COB), los aumentos planteados por el gobierno quedaban por debajo de la subida de los precios de la cesta de la compra de alimentos básicos para las familias. Por tanto, lo que empezó siendo una lucha económica se acabó politizando. Asimismo, en el caso de Perú, con una economía de exportación de recursos minerales muy activa, el gobierno neoliberal de García ha tenido que hacer frente a reivindicaciones económicas y ecológicas muy incisivas de los mineros y las comunidades indígenas. Durante la campaña de las elecciones presidenciales de 2011, la lucha ha adquirido un marcado tinte político cuando gran variedad de votantes de la clase obrera y campesina ha apoyado a la candidata de centro-izquierda, Humala. (11) En los países con tasas de crecimiento elevadas dependientes de grandes empresas mineras de titularidad extranjera y con comunidades indígenas importantes, el conflicto de clase se ha dado cita con demandas ecológicas, de clase, nacionalistas y étnicas.

Dicho de otro modo, la diferenciación expuesta más arriba entre luchas de clases ofensivas o defensivas y económicas o políticas son variables, pues sufren cambios a medida que la lucha y su contexto varían.
La espectacular intensificación de la lucha de clases en China, con su alta tasa de crecimiento, refleja la cada vez mayor escasez en las regiones del litoral, los inmensos beneficios obtenidos por una nueva clase de multimillonarios, la intensa explotación de la mano de obra y la aparición de una «nueva generación» de mano de obra joven que tiene más opciones que trabajar en una «única factoría». (12) La «socialización» de las grandes concentraciones de trabajadores en grandes fábricas, muy cerca unos de otros, facilita la acción colectiva. La agudización de las desigualdades, sobre todo ante el crecimiento acelerado de los más ricos vinculado a la corrupción de los cargos públicos y ante la falta de respuesta de unos sindicalistas controlados por el Estado, ha dado pie a la acción directa «espontánea» de clase. (13) El impacto radicalizador causado por la inflación queda de manifiesto en el estallido de una huelga masiva de camioneros en el puerto más grande de China, el de Baoshan, en Shanghai: los trabajadores protestaban por el aumento del precio del combustible y las tasas portuarias. Según una información, «las autoridades chinas han advertido que la escalada de precios, la inflación galopante y la corrupción de los cargos públicos plantean la amenaza más importante para el gobierno del Partido Comunista (The Financial Times, 23 y 24 de abril de 2011, p. 1).
Las luchas sindicales con orientación política han pasado a ocupar un primer plano hace poco en Venezuela, donde el gobierno de Chávez ha resaltado la «satisfacción de los trabajadores» de la «revolución socialista bolivariana». El hecho ha animado a los trabajadores a convocar huelgas en empresas privadas para reclamar la expropiación de los capitalistas intransigentes y cambios en la dirección de empresas públicas donde se sustituya a tecnócratas y burócratas por trabajadores. (14)

La lucha de clase menos desarrollada es la de los «estancados» Estados Unidos. La mezcla de baja densidad sindical (el 93 por ciento de los trabajadores del sector privado no está sindicado), legislación laboral muy represiva y dirección sindical enriquecida y autoperpetuada en sus cargos y absolutamente dependiente del capitalismo del Partido Demócrata inhibe el crecimiento de la conciencia de clase, exceptuando «bolsas» de resistencia muy locales. (15) La erosión acelerada de los salarios se ha unido a la intensificación de la explotación (menos trabajadores para elevar la producción) y a la destrucción de los últimos vestigios de la protección social (coberturas sociales y asistencia sanitaria para la población mayor de 65 años). (16)
Se podría replicar que la renta per cápita alta no es por si sola un motivo suficiente para presuponer el debilitamiento de la lucha de clases, puesto que en Francia e Italia ha habido más huelgas generales que en Inglaterra aun cuando la renta per cápita sea más elevada. Lo fundamental son los vínculos institucionales entre, por una parte, sindicatos y partidos laboristas o socialdemócratas y, por otra, la libre constitución de asambleas de trabajadores en empresas y centros de trabajo. En Estados Unidos y el Reino Unido, el estancamiento y la reacción guardan relación con la subordinación de los trabajadores a los partidos demócratas o socialdemócratas neoliberales; mientras que en Francia e Italia los sindicatos mantienen lazos más estrechos con las asambleas de las fábricas y conservan un mayor grado de autonomía de clase. (17)
Dicho de otro modo: no hay ninguna regla inamovible que vincule determinadas formas de lucha de clases con el dinamismo o estancamiento de la economía; lo que es preciso tener en cuenta es el grado de organización independiente y de clase capaz de elevar el tono de la lucha en medio de unos cambios económicos y políticos muy volubles.

Imperialismo, intercapitalismo y lucha de clases

Pese a la crisis económica de 2007-2009, que ha afectado a la mayoría, pero no a la totalidad, de los centros capitalistas neoliberales más importantes, la clase capitalista de Europa y Norteamérica ha acabado más fuerte que nunca. Las posteriores recomendaciones establecidas por el Fondo Monetario Internacional, los principales bancos crediticios privados y los bancos centrales, la totalidad de la carga del pago de las deudas, el déficit fiscal y los desequilibrios comerciales cometidos por los gobiernos neoliberales, han recaído sobre las espaldas de las clases trabajadoras y asalariadas. En toda la «periferia» de Europa meridional y oriental se han aplicado medidas semejantes de austeridad selectiva para las distintas clases sociales. El resultado ha sido la reestructuración radical de pensiones, salarios y relaciones sociales de producción: el conjunto de relaciones de clase con el Estado. En consecuencia se ha producido una auténtica contrarrevolución socioeconómica «pacífica con las urnas» y desde arriba que intensifica la explotación de la mano de obra por parte del capital al tiempo que concentra las rentas del 10 por ciento más rico de la pirámide social.
Ante el aumento de la competitividad del BRIC (sobre todo de China) (18) y los países industrializados de Asia, así como el incremento de los precios de las materias primas, los países imperiales de Estados Unidos y Europa han recurrido a buscar la «competitividad» a través de la explotación en sus países, el aumento del saqueo de las arcas públicas y las guerras imperiales.

Sin embargo, esta competencia intercapitalista está produciendo el efecto contrario: está aumentando los ingresos de los trabajadores del BRIC y reduciendo el nivel de vida en los núcleos imperiales consolidados. La explicación reside en que el BRIC invierte en la economía productiva mientras que los centros imperiales despilfarran billones de dólares en actividades militares y especulativas. (19)

Deberíamos hacer una salvedad en relación con la competitividad entre los países imperiales y los del BRIC, en la medida en que hay millares de hilos financieros, comerciales, tecnológicos y manufactureros que los vinculan. Sin embargo, los conflictos entre las formaciones sociales son reales, como lo son la naturaleza de las fisuras de clase internas y sus diferentes configuraciones. El imperialismo, tal como se ejerce hoy día, es una lacra para los avances de la clase trabajadora. (20) Por el momento, la dinámica interna de las potencias económicas en ascenso parece capacitarlos para financiar el crecimiento en el interior a base de expandir el comercio exterior y realizar concesiones salariales a las clases trabajadoras emergentes que exigen un pedazo mayor del creciente pastel de los ingresos.

Conclusión

Aunque, en apariencia, hay un declive de la lucha de clases política revolucionaria desde abajo, hay potencial para que las luchas económicas se vuelvan políticas a medida en que la inflación vaya erosionando las conquistas y los dirigentes políticos establezcan «orientaciones» rígidas sobre los progresos salariales. En segundo lugar, como ilustra el caso de Venezuela, los dirigentes políticos pueden crear las condiciones que favorezcan el paso de la lucha de clases económica a la política.

La lucha de clases política más dinámica en la actualidad emana desde arriba: el ataque sistemático contra los salarios, la legislación social, el empleo y las condiciones de trabajo lanzado en Estados Unidos, España, Grecia, Irlanda, Portugal, Inglaterra y los Estados bálticos y balcánicos. Allí la crisis económica todavía tiene que precipitar revueltas masivas; en cambio, vemos acciones defensivas o, incluso, huelgas a gran escala que tratan de defender las conquistas históricas. Ha sido una lucha desigual allá donde la clase capitalista ostenta influencias institucionales políticas y económicas respaldadas por el poderío internacional de los bancos y los Estados imperiales. La clase trabajadora dispone de muy poca solidaridad internacional comparable. (21) Las señales más valiosas de la lucha de clases global se encuentran en la acción directa activa de la clase trabajadora latinoamericana y asiática. Sus conquistas económicas sostenidas han supuesto el fortalecimiento del poder y la organización de clase. Además, los trabajadores pueden inspirarse en tradiciones revolucionarias para sentar las bases del relanzamiento de un nuevo proyecto socialista. (22) ¿Qué podría hacer estallar una andanada de guerras de clases políticas y económicas desde abajo? La reaparición de la inflación, la recesión y la represión o el incesante aumento de los recortes podría obligar a la mano de obra a actuar de forma independiente y contra el Estado, la encarnación de este periodo regresivo.


Notas

(1) Sobre las luchas de clase en China, véase «Workers call the tune», The Financial Times, 22 de febrero de 2011, p. 3, así como The Financial Times, 16 de febrero de 2011, «Chinese wages increased 12% between 2000-2009 according to the ILO».
(2) La Jornada, 8 de abril de 2011; la Central Obrera Boliviana exigía un incremento salarial del 15 por ciento. En el año 2010, Bolivia alcanzó la cifra de conflictos más elevada de los últimos 41 años, El País, 16 de abril de 2011.
(3) «Emerging markets inflation surge», The Financial Times, 14 de abril de 2011, p. 1. «Beijing poised to let renminbi rise to fight inflation», The Financial Times, 17 de abril de 2001, p. 3.
(4) Compárese lo publicado por The New York Times sobre el presupuesto para el año fiscal 2012 de Obama los días 13 de abril de 2011 y 14 de abril de 2011. El último discurso presupuestario subraya que los recortes de 4 billones de dólares en los últimos 10 años afectan sobre todo a las coberturas sociales, una concesión importante a los extremistas de la derecha republicana.
(5) Los trabajadores griegos han convocado seis huelgas generales entre los años 2009 y 2011. Véase el semanario ateniense DROMOS («La Carretera») durante ese periodo. Los trabajadores españoles convocaron dos huelgas en el año 2010. Los portugueses una e Irlanda, una manifestación importante.
(6) Datos extraídos de los informes sobre empleo de los años 2010 y 2011 de la Organización Internacional del Trabajo
(7) Véase Al Jazeera, en los meses de febrero y marzo de 2011. Sobre el papel represivo de la nueva junta militar, véase Al Jazeera, 7 de abril de 2011.
(8) Reuters, 14 de febrero de 2011. Las maniobras de Washington entre bambalinas para situar como jefe de la junta al antiguo militar fiel a Mubarak, el mariscal de campo Tatawi, son un ejemplo evidente.
(9) La incapacidad de los movimientos sociales árabes para tomar el poder del Estado es repetición de un problema similar padecido a principios de la década en América Latina. Véase James Petras y Henry Veltmeyer, Social Movements and State Power (Londres: Pluto, 2005).
(10) Sobre la huelga general de Bolivia, véase «Central Obrera declara huelga general», La Jornada (Ciudad de México), 8 y 16 de abril de 2011.
(11) Sobre la primera ronda de las elecciones presidenciales peruanas y la ganadora populista de centro-izquierda Ollanta Humala, véase BBC, «Peru facing polarizing election as populists face off», 12 de abril de 2011.
(12) Según una fuente, «el aumento de los costes de la mano de obra son un problema [en China]. Hay oportunidades de empleo en todas partes, hay una necesidad mucho menor de emigrar», The Financial Times, 8 de marzo de 2011, p. 22.
(13) Sobre los multimillonarios chinos, véase Forbes, marzo de 2011. Como consecuencia de «un rosario de disputas producidas entre mayo y agosto [de 2010], los empleadores padecieron huelgas y otros problemas. La situación desembocó en aumentos de salarios notables, un 30 por ciento de incremento en el fabricante taiwanés de manufacturas Foxcomm» The Financial Times, 16 de febrero de 2011, p. 3.
(14) Correo de Orinoco, Caracas, Venezuela (edición semanal en inglés), 3-9 de abril de 2010.
(15) La huelga general de los trabajadores del sector público de Winsconsin en marzo de 2011 fue la excepción a la regla, la primera de esta naturaleza, y fue inducida por el gobernador republicano y por la abolición efectiva por parte de la cámara legislativa de los derechos de negociación colectiva. Salvo una huelga de un día de los sindicatos de la extensa costa de San Francisco y unas cuantas protestas esporádicas en otros estados, la federación de trabajadores estadounidense AFL-CIO no ha convocado una sola manifestación pública a escala nacional, prefiriendo más bien depender de los miles de millones de dólares de financiación de los políticos demócratas.
(16) El congresista Ryan, republicano, ha propuesto privatizar la seguridad social y el programa de atención sanitaria a ancianos (Medicare), así como reducir drásticamente el gasto de atención sanitaria a los pobres y los discapacitados. El presidente Obama respondió con su versión de recortes sociales regresivos a una escala un tanto menor, pero en idéntica dirección. Véase el discurso de Obama al pueblo estadounidense, comunicado de prensa de la Casa Blanca, 3 de abril de 2011. The New York Times, 14 de abril de 2011, p. 1.
(17) Conversaciones con delegados sindicales y con Luciano Vasapolla, secretario del movimiento sindical militante italiano «Reto di communisti», Roma, Italia, 1 de mayo de 2009.
(18) Acrónimo con el que se alude a Brasil, Rusia, India y China». (N. del T.)
(19) Sobre el impacto negativo de la financialización del capital y del gasto militar sobre la economía productiva, véase Michael Chossudovsky y Andrew Gavin Marshall, eds., The Global Economic Crises (Montreal: Global Research 2010), especialmente los capítulos 3, pp. 72-101, y 9, pp. 181-211.
(20) Para una exposición más clara de la relación del imperialismo con la decadencia en el interior de los países, véase James Petras y Morris Morley, Empire or Republic? American Global Power and Domestic Decay (New York: Routledge, 1995).
(21) El «Foro Social Mundial» y otros «foros de izquierda» semejantes son, en esencia, ocasiones para que las clases parlantes compuestas por académicos y miembros de ONG pronuncien discursos. En la mayor parte de los casos, las fundaciones y patrocinadores les prohíben expresamente adoptar una posición política y, menos aún, organizar el apoyo material para las luchas de clase vigentes. Ninguna de las principales huelgas generales de la clase trabajadora de Europa, América Latina o Asia ha recibido jamás apoyo material de los eternos asistentes a los foros de izquierda. El declive del internacionalismo obrero no ha sido sustituido en modo alguno por las reuniones internacionales de estas fuerzas dispares.
(22) Pese a la demonización de la Revolución Cultural y social en China e Indochina, muchos gerentes, dirigentes de partidos políticos e, incluso, intelectuales liberales son conscientes de las consecuencias de «llevar demasiado lejos la lucha de clases», y las temen. En América Latina, el legado de procesos revolucionarios anteriores y el ejemplo de Cuba y Venezuela siguen ejerciendo de herencia viva para las luchas revolucionarias.



miércoles, 22 de junio de 2011

Contra la tendencia antiorganización en la izquierda independentista andaluza


La consideración que se tenga sobre el papel del partido y las organizaciones del proletariado andaluz es una piedra angular a partir de la que podremos construir revolución. El artículo que incluimos, publicado en formato papel en la revista Independencia (septiembre 2010), incide en la importancia de no perder esta perspectiva en la lucha cotidiana. Si en su momento tenía vigencia por las derivas reformistas o aventureras que existen en la organizaciones y en la izquierda andaluza antiimperialista en general, en la actualidad el texto cobra plena vigencia. El trabajo "Contra la tendencia antiorganización en la izquierda indepedentista" del camarada Yuder insiste en las concepciones leninistas de organización. En el valor de no dejarse llevar y mantener bien claro el orden de prioridades en la lucha. Nada más indicado en la coyuntura actual, en los que se vuelven a reeditar fórmulas del tipo "foro social", "semanas de lucha social" o "acampada 0,7", y se multiplican las citas electorales.
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CONTRA LA TENDENCIA ANTIORGANIZACIÓN EN LA IZQUIERDA INDEPENDENTISTA ANDALUZA

por Yuder

...El sin partidismo en la sociedad burguesa no es sino una expresión hipócrita, encubierta y pasiva de pertenencia al partido de los que están ahitos, al partido de los que dominan, al partido de los explotadores(... ...)
Pero esta indiferencia no equivale a la neutralidad, a la abstención de la lucha, pues en la lucha de clases no puede haber neutrales, en la sociedad capitalista no es posible “abstenerse” de participar en el cambio de productos o de fuerza de trabajo...[1]


Después de casi 20 años de existencia de expresiones organizadas de la izquierda independentista y revolucionaria en Andalucía, l@s independentistas andaluces/zas continuamos arrastrando ciertos lastres fruto de concepciones políticas ya superadas, que en la actualidad entorpecen la maduración de nuestro proyecto de liberación andaluza. No podemos permitirnos por más tiempo seguir reproduciendo errores que ralentizan el desarrollo de nuestro proyecto liberador. Errores que dan más tiempo para reaccionar al estado imperialista español. Es el momento, como decía un compañero, de la “paciencia impaciente”, de pensar y actuar para transformar nuestros pueblos y barrios desde el presente. Sin prisa pero sin pausa, la construcción de una Andalucía libre y socialista no puede esperar por más tiempo.

En estos 20 años la izquierda independentista andaluza ha experimentado avances importantes. Disponemos de expresiones organizadas en lo político y en lo juvenil, y nuestra presencia va en aumento de forma patente en lo sindical, en lo cultural y en otras formas de asociacionismo andaluzas. Este crecimiento tiene aspectos eminentemente positivos evidentes, pero conlleva también la pervivencia de una serie de concepciones negativas que hasta este momento no hemos sabido combatir con suficiente energía.

Actualmente, se hace palpable una tendencia antiorganización, antipartido, en el seno de nuestro movimiento. Tendencia que existe tanto dentro de nuestras organizaciones como entre simpatizantes. Las inclinaciones antiorganización se expresan de diferente forma, aunque sus síntomas se repiten de manera constante. En lo esencial, l@s antiorganización  pretenden convertir a l@s militantes independentistas en militantes “sociales”, y a la izquierda independentista en un colectivo social tipo ONG. Su visión de la base social independentista andaluza es la de una masa amorfa, volátil y sin referentes políticos claros. Según esta tendencia las organizaciones independentistas pueden valer igual para un roto que para un descosido, y en ellas debe reinar la cortedad de miras, la ausencia de estrategias y tácticas definidas y la inexistencia de una línea política propia más allá de la coyuntura y las apetencias espontáneas de sus militantes. Pretende negar la importancia de construir una organización de izquierda independentista que sea reconocida como vanguardia política por los sectores más avanzados del Pueblo Trabajador Andaluz. Reduce lo político a lo única y exclusivamente electoral, cayendo en un electoralismo estéril, en una búsqueda imposible de réditos a corto plazo, que coarta la capacidad de acción política.

La desorientación política, debido a la juventud de algun@s militantes independentistas, y el relajamiento en la formación y el debate en las organizaciones han sido los causantes de la aparición de estas posiciones erróneas.

Los antiorganización no aspiran a la Revolución Andaluza. No se plantean el problema de la conquista del poder como una posibilidad real. No aspiran a la victoria porque consciente o inconscientemente ya han dado la batalla por perdida. Renunciando a la necesidad de poseer una organización política cada vez más capacitada para tal reto, renuncian a que el Pueblo Trabajador Andaluz asuma las riendas del poder político y creé una República Socialista Andaluza.

Esta tendencia viene a proponer en vez del aumento necesario del grado de organización, la desorganización de nuestras fuerzas. En vez del debate político en torno a una estrategia y tácticas cada vez más ajustadas a las necesidades reales del Pueblo Trabajador Andaluz, la vaguedad en las formulaciones políticas de la izquierda independentista andaluza. En vez de una propuesta política antiimperialista y revolucionaria andaluza, la disolución de nuestro proyecto en función de las necesidades de otros movimientos y organizaciones.

Los antiorganización argumentan frecuentemente que su actitud es debida a que “pretenden romper el aislamiento social” en que se haya la Andalucía rebelde. Aquellos que apostamos por una izquierda independentista andaluza cada vez más y mejor organizada, más influyente en la realidad andaluza, somos acusados por ell@s de sectarios, aislacionistas, iluminados... Sin embargo, este aislamiento es extensible a toda la izquierda extraparlamentaria que hace trabajo político en nuestro país. Desde luego que los antiorganización se sentirán acompañados asistiendo a esas reuniones unitarias que les son tan queridas, junto a otros que como ell@s también se sientan aislados socialmente. Pero olvidan dos elementos para entender ese aislamiento que tanto les molesta, y sin los que les será imposible quebrarlo por muchas reuniones unitarias a las que asistan:

- Si tenemos en cuenta la máxima marxista de que las ideas dominantes en una formación social dada son las  ideas de la clase dominante, ese aislamiento es lógico y coherente con nuestra realidad. Todas las organizaciones revolucionarias, incluso las mejor organizadas, han sentido ese aislamiento hasta alcanzar al menos coyunturas prerrevolucionarias.  En una Andalucía dependiente y española como la actual, lo extraño es que no sufriéramos esa separación del grueso del Pueblo Trabajador Andaluz. En caso contrario, sería síntoma de que nuestras propuestas no representan un proyecto político antagónico con el sistema dominante actual.

- El modo de conectar con el Pueblo Trabajador no es diluir el proyecto revolucionario andaluz en un maremagnum de redes, “plataformas unitarias” o electorales, todas ellas salvavidas de náufragos políticos donde abundan los escarmentados del reformismo españolista del PCE en diferentes momentos y con diferentes siglas, sino fortalecer la izquierda independentista andaluza construyendo y fortaleciendo sus organizaciones. Tanto la organización política como lo juvenil, lo sindical, lo cultural, lo feminista, lo antifascista... Son los instrumentos para quebrar ese aislamiento en el día a día, organizados en un todo coordinado de las diferentes luchas y frentes.

La teoría de la “neutralidad”, de la “independencia” de los colectivos es también otro argumento usual que esgrimen los antiorganización. Sin embargo, esta concepción organizativa por un parte viene precisamente a ahondar en ese aislamiento de l@s independentistas andaluces/zas, sustituyendo el intercambio de información, la discusión y la acción coordinada por un “sálvese quién pueda”. Sustituyendo la construcción colectiva y coordinada de una línea política, de una estrategia y de una táctica, por una acción política fragmentada y corta de miras. Y por otra fomenta un individualismo estéril, rayano en posiciones intelectualistas, que ya ha sido definidas desde hace más de un siglo por los revolucionarios: ...para el individualismo propio de intelectuales que se manifestó ya,(... ...) descubriendo su inclinación hacia los razonamientos oportunistas y anarquistas, toda organización y toda disciplina proletarias son un régimen de servidumbre...[2]

Pero junto a los errores de nuestro movimiento, que comentábamos más arriba, no somos ignorantes de los intereses de nuestros enemigos. La incipiente izquierda independentista andaluza ha demostrado que no es flor de un día. A pesar de su base social reducida, ya son varias las generaciones de militantes que se han incorporado a la lucha nutriendo de renovadas energías a las diferentes organizaciones. Este hecho inquieta a las clases dominantes. Y no solo a ellos, sino a toda la superestructura, de la que partidos institucionales, sindicatos vendeobreros y organizaciones de jóvenes-adocenad@s-a-la-búsqueda-de-un-sillón forman parte. Si para los imperialistas somos un enemigo a batir, para los partidos y sindicatos “progresistas” mantenidos por el sistema, somos una competencia futura que les desagrada profundamente. Lejos han quedado para ell@s los sueños revolucionarios si es que alguna vez los  tuvieron, y las cuotas de poder son su preocupación actual. Somos ejemplo de que se pueden hacer otras propuestas en clave radicalmente andaluza, de que se puede hacer trabajo político desde la base y de clase. Testimonio de que aún queda una parte del Pueblo Trabajador Andaluz que no se deja engañar tras más de treinta años de mentiras.

Para tod@s ell@s, fomentar las tendencias antiorganización es la mejor manera de descabezar a la disidencia andaluza. Sin organización política de vanguardia, no hay movimiento revolucionario que tenga posibilidades de victoria. Esa fórmula leninista la conocen bien las clases dominantes, y pretende aplicársela a los independentistas andaluces en sentido inverso. La izquierda independentista andaluza necesita mejorar y reforzar sus estructuras organizativas. Contamos con un grado de organización aún no lo suficientemente desarrollado, y la historia del movimiento revolucionario mundial nos ha mostrado que no puede haber revolución sin organización revolucionaria suficientemente preparada. Sabemos pues que no habrá Revolución Andaluza si no nos preparamos para llevarla a cabo.

Fenómenos como el seguidismo y la emulación, el electoralismo, el individualismo o la neutralidad, se producen fruto de esta tendencia, sea conscientemente propagada o reproducida de forma inconsciente e ingenua. Todos estos fenómenos coinciden en un punto: debilitar las expresiones organizadas de la izquierda independentista andaluza, mermar nuestra capacidad de análisis colectivo y de establecimiento de estrategias y tácticas por nosotr@s mism@s ya sea omitiéndolas, convirtiéndonos en dama de compañía de unidades de izquierda “amplias” o haciendo de las organizaciones independentistas siglas de relleno para legitimar plataformas o electoralismos varios.

Si la tendencia antiorganización crece, amenaza con cavar la tumba de la Revolución Andaluza. Podrá persistir algo de la izquierda independentista como elementos aislados, inconexos y deformes, pero nuestras posibilidades de victoria se desvanecerán. La tendencia antiorganización se constituye en un elemento reaccionario que no deja avanzar el movimiento, y siembra la confusión entre aquellos que se acercan a nuestras organizaciones por primera vez. Sus consecuencias no son solo las que podamos ver hoy, sino que tendremos que sufrirlas a medio y largo plazo si no establecemos desde ahora una lucha resuelta contra estas posiciones políticas capituladoras. El debate incansable con tod@s l@s compañer@s, la lucha en todos los frentes por establecer una acción coordinada y conjunta, y el fortalecimiento de las organizaciones independentistas se deben constituir como el mejor remedio contra esta tendencia. Nos va en ello la liberación del Pueblo Trabajador Andaluz.


[1] V.I.Lenin , El partido socialista y el revolucionarismo sin partido, Novaya Zhizn, noviembre-diciembre de 1905. En V.I. Lenin, Acerca de los sindicatos, Akal, Madrid, 1975, pag, 210.
[2] V. I. Lenin, Un paso adelante, dos pasos atrás, Obras escogidas vol. I, pag. 414, Moscú, 1961.